Mauricio Montiel Figueiras

Mauricio Montiel Figueiras (Guadalajara, México, 1968) es narrador, ensayista, editor y traductor. Parte de su obra ha aparecido en medios de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Estados Unidos, España, Inglaterra e Italia. Entre sus libros más recientes se encuentran Paseos sin rumbo. Diálogos entre cine y literatura (2010), Señor Fritos (2011), La mujer de M. (2012), Ciudad tomada (2013) y Los que hablan. Fotorrelatos (2016). Desde 2011 trabaja en el proyecto novelístico titulado El hombre de tweed a través de la plataforma electrónica Twitter, donde maneja la cuenta @LamujerdeM. Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, de la Fundación Rockefeller y de The Hawthornden Retreat for Writers en Escocia. Entre 2015 y 2017 se desempeñó como Coordinador Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes. En 2004 ingresó al Sistema Nacional de Creadores de Arte. Colabora en los diarios El Universaly El País. Es uno de los fundadores del sello editorial independiente Los Libros de Caronte. En 2019 la editorial Almadía pondrá a circular su volumen de cuentos La piel insomne.

Mauricio Montiel Figueiras (Guadalajara, Mexico, 1968) is a writer of prose fiction and essays, and a poet, translator, editor and film and literary critic. His work has been published in magazines and newspapers in Argentina, Brazil, Canada, Chile, Colombia, Italy, Peru, Spain, the United Kingdom, and the United States. Since 1995 he has lived and worked in Mexico City. He has been Resident Writer for the Cheltenham Festival of Literature (England, 2003) and The Bellagio Center (Italy, 2008). In 2012 he was appointed Resident Writer for the prestigious Hawthornden Retreat for Writers in Scotland. Since 2011 he has been working on a Twitter novel, The Man in Tweed. He is in charge of the Twitter account @LamujerdeM.

 

Enigmas que resolver
“Comencé a escribir cuando tenía nueve años (ahora tengo cincuenta y uno). Mis primeros textos fueron pastiches o copias flagrantes de las novelas de Agatha Christie que mi madre me daba a leer; a esas novelas debo una enorme pasión por la literatura policiaca y de misterio que perdura hasta el día de hoy. Con el paso del tiempo, por supuesto, he seguido muchos otros caminos como lector, pero mi fascinación por los mecanismos de la ficción detectivesca permanece intacta. Podría decir que las mayores influencias en mi trabajo literario son el suspenso y la creación de enigmas por resolver, algo que comparto con David Lynch, un cineasta que ha representado mucho para mi labor como escritor. Coincido con lo que Lynch señala en una entrevista incluida junto al guión de su magnífica película Lost Highway (Por el lado oscuro del camino, 1997): ‘Es emocionante saber que hay más de lo que se percibe a primera vista […] Creo que las cosas fragmentadas son bastante interesantes. Puedes completarlas en sueños, entonces te vuelves partícipe. Sabemos que suceden cosas, quizá no bajo cada techo pero sí lo suficiente. Cosas que ni siquiera podemos imaginar están sucediendo […] Aprendí que apenas por debajo de la superficie existe otro mundo, y otros mundos más conforme vas cavando más profundo. Lo supe cuando era niño, pero no encontraba pruebas de ello. Era sólo una sensación que tenía’.

 

Palabras esenciales
“Ficciones (1944) de Jorge Luis Borges (libro), Betrayal (Traición, 1978) de Harold Pinter (obra de teatro) y Glengarry Glen Ross (1992) de David Mamet (guión de cine basado en su propia obra de teatro) son notables por su uso de las palabras y el lenguaje. Elegir a mis escritores favoritos es una tarea titánica: año con año mi lista va en aumento conforme me dejo deslumbrar por nuevos descubrimientos. En estricto orden alfabético menciono a diez autores con los que me identifico plenamente: Jorge Luis Borges, Dino Buzzati, Italo Calvino, Julio Cortázar, Fleur Jaeggy, Franz Kafka, Clarice Lispector, Haruki Murakami, Yoko Ogawa y W. G. Sebald. Debo añadir a Walter Benjamin, cuya figura me resulta imprescindible: su sistema filosófico, basado en la fragmentación, y su procedimiento de escritura, apoyado en un sustrato lírico, me han marcado profundamente.

 

Vida Propia, Vidas Ajenas
“Actualmente trabajo en dos proyectos literarios que me entusiasman: el primero es un libro de prosas poéticas inspiradas en las mujeres solitarias de Edward Hopper, que no es sólo uno de mis artistas favoritos sino una enorme influencia en mi escritura. En 2001 publiqué en España La penumbra inconveniente, una novela estructurada como una colección de cuentos que acude a la obra pictórica de Hopper como detonadora de personajes y atmósferas. El segundo es un libro de relatos breves titulado por ahora Vidas ajenas, que empecé a escribir en Instagram en 2017 y cuya intención es recuperar y reinventar las posibles historias contenidas (¿escondidas?) en postales y fotografías antiguas que colecciono desde hace casi dos décadas.

“Desde 2010, año en que comencé a usarlas, las redes sociales han sido para mí nuevas máquinas de escribir: esa es para mí su función principal. Facebook, Twitter e Instagram, las plataformas que conozco (a estas alturas ya no creo aventurarme en ninguna otra: he tenido suficiente), me han servido para desarrollar proyectos de escritura que de otro modo quizá no habría desarrollado. En Facebook pude dar forma a un libro de poesía que aún no se publica. En Twitter trabajé en un proyecto narrativo que involucra a dos personajes, el hombre de tweed y la mujer de M., los hemisferios masculino y femenino de un mismo universo; al día de hoy este proyecto, titulado globalmente El hombre de tweed, consta de más de quinientas páginas que incluyen la novela propiamente dicha (dividida en cuatro partes: me falta por escribir la cuarta y última parte), una novela breve protagonizada por la mujer de M. y las bitácoras o diarios de ambos personajes. En Instagram, además de Vidas ajenas, he decidido abrir una sección llamada Vida propiaen la que estoy compartiendo textos e imágenes sobre libros, cine, arte y vida personal; quiero evitar a toda costa la banalidad y el narcisismo que caracterizan esta plataforma sobrepoblada de selfiespara ofrecer, eso espero, contenidos de calidad cultural que despierten el interés del lector atento y sensible.

 

Algo sobre las telarañas
“Siempre he creído que mi relación con la palabra escrita es antes que nada instintiva. Al momento de escribir ficción y poesía me dejo llevar por lo que el propio lenguaje me va dictando. Con el ensayo funciono de manera ligeramente distinta, ya que es un género que implica la exposición y exploración precisas de un conjunto de ideas, aunque también en este caso confío mucho en el instinto y sobre todo en el olfato literario.

“Para ilustrar la ‘pulverización de la realidad’ emprendida por Lucrecio en De rerum natura, Italo Calvino cita entre otras imágenes a ‘las telarañas que, mientras andamos, nos envuelven sin que nos demos cuenta’. Quiero pensar que mis palabras provienen del desconcierto que producen esas telarañas que ‘nos envuelven sin que nos demos cuenta’; que lo que escribo sobre todo en el terreno de la ficción se debe a una vaga intuición de algo que cuelga por detrás de lo narrado, al margen del lenguaje, en la zona reservada a la penumbra donde las arañas tejen en silencio. En español la palabra ‘texto’ se relaciona con la palabra ‘tejido’, así que quiero imaginar que en mi escritura hay necesariamente algo de telaraña.

 

Una cualidad sonora
“Recuerdo algo que dice Franz Kafka, a quien considero el narrador más importante del siglo XX: ‘Cada palabra, antes de que permita que yo la escriba, mira primero a su alrededor.’ Así como las palabras muestran cautela para dejar que el escritor las utilice, yo también soy cauteloso al momento de elegir las palabras que quiero poner por escrito. Me fijo mucho en la apariencia de las palabras pero también en su sonido, que para mí resulta fundamental: pocas cosas tan tristes como un texto plano, desprovisto de música y relieves sonoros. Leer es otra forma de apreciar la musicalidad de las palabras, que pueden producir sonatas o sinfonías dependiendo de la capacidad del escritor para ordenarlas en la página. Una palabra puede tener buen aspecto pero carecer de encanto musical: en ese caso prefiero buscar otra cuya sonoridad me deje más satisfecho.

 

Desde la distancia cercana
“En la actualidad padecemos una sobredosis de palabras: nunca en la historia de la humanidad se había escrito y hablado tanto como ahora, lo que se debe por supuesto a la irrupción de internet en nuestras vidas, que ha facilitado la comunicación pero a la vez la incomunicación. La cantidad de palabras que segundo a segundo, 24/7, se vierte en las redes sociales es apabullante y causa vértigo: uno se siente, en efecto, atrapado por el lenguaje convertido en arma muchas veces letal. Cada día me pregunto si en verdad estamos más informados y conectados que en el pasado o si esto es sólo un espejismo tecnológico que se desvanecerá en algún instante. Aún recuerdo no sin cierta nostalgia la época en que el contacto con los otros se daba a través de cartas y postales: me parece que entonces la palabra como herramienta de comunicación tenía un mayor peso que hoy, ya que se pensaba un poco más en lo que se quería decir a un interlocutor que se hallaba lejos y que tardaría días o semanas en dar una respuesta. El término ideado por la pintora Georgia O’Keeffe, ‘the faraway nearby’, ha cobrado una realidad inquietante y paradójica gracias a la tecnología: nos hemos acercado a quienes se encuentran lejos (personas que a menudo sólo conocemos a través de las redes sociales) a costa de alejarnos de aquellos a quienes tenemos más cerca. En esta época en que somos cautivos del exceso de palabras vanas, inútiles, la literatura juega un valioso papel de liberación y libertad que los escritores tenemos la responsabilidad de cultivar.

“Las palabras son entidades vivas: si estuvieran muertas no podrían brincar de un texto a otro, de un escritor a otro, de una época de la historia a otra, para engendrar nuevas sorpresas, nuevas fantasías, nuevos asombros. Una misma palabra usada por autores distintos tiene vidas distintas. Por eso hay que cuidar las palabras: porque viven y por ende resienten los malos tratos.

 

Giros sintácticos
“Las diferencias entre el español hablado/escrito en México y España pueden ser abismales. Hay giros sintácticos y sobre todo coloquialismos que se usan en un país pero no en el otro y que, por lo mismo, no son del todo fáciles de comprender en ambos lados del océano Atlántico. Resulta complicado explicar estas diferencias a un lector angloparlante, pero basta poner un ejemplo: en el español de España la segunda persona del plural acude al pronombre ‘vosotros’, que suena arcaico o excesivamente formal en el español de México, en el que se utiliza el pronombre ‘ustedes’. A la inversa, y en lo que respecta al trato con terceros, la formalidad se hace presente en el español de México (‘¿Me puede decir qué hora tiene, por favor?’) pero está ausente en el español de España, donde ese mismo trato es más directo y a veces llega a rayar en lo abrupto sin ser ofensivo. En cuanto al habla, en España existe el llamado ‘ceceo’, que es un fenómeno fonético que implica pronunciar la letra ‘s’ con un sonido semejante al de las letras ‘z’ y ‘c’ (esta última cuando se coloca antes de las letras ‘e’/’i’). Como ya dije, resulta arduo explicar estas cuestiones a un lector que no es hispanoparlante. Hay ciertas complicaciones para que mexicanos y españoles nos hagamos entender al cien por ciento, pero a fin de cuentas escribimos y hablamos un mismo idioma y los escollos que existen pueden ser salvados siempre y cuando haya disposición y paciencia.

“Sobre las grandes diferencias entre el español y el inglés, me conformo con mencionar dos: la adjetivación y la concisión. En inglés los adjetivos, que siempre van antes del sustantivo, no causan problema aun cuando el escritor incurra en cierta sobrecarga; en español uno debe ser muy cuidadoso con ellos si no quiere asfixiar un texto. El inglés es una lengua mucho más concisa e incluso precisa que el español; la prueba está en que una traducción del inglés al español tiene aproximadamente veinte por ciento más texto que el original. La primera vez que escribí directamente en inglés fue en 2003 y entonces pude darme cuenta de la concisión a la que me refiero. Fue una experiencia muy estimulante que he podido repetir en varias ocasiones. Escribir en un idioma distinto a aquel en que uno nació permite cambiar y expandir la estructura mental y encontrar nuevas formas de expresión.

 

Talismanes literarios
“‘Importa poco no saber orientarse en una ciudad. Perderse, en cambio, en una ciudad como quien se pierde en el bosque, requiere aprendizaje.’ Con estas palabras inicia Infancia en Berlín hacia 1900, libro de Walter Benjamin que fue publicado de forma póstuma por su amigo Theodor W. Adorno en 1950. Desde que las leí por primera vez, estas frases se convirtieron en uno de mis talismanes literarios predilectos: para mí sintetizan con gran claridad lo que significa adentrarnos en una ciudad e incluso una geografía desconocida sin más guías que el asombro y el deseo de extraviarnos para encontrarnos de otro modo en otro lugar que terminará por formar parte de nuestro mapa íntimo.

“‘Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche.’ Esta es la primera frase de ‘Las ruinas circulares’, cuento de Jorge Luis Borges incluido en su libro Ficciones, que ya mencioné como un ejemplo notable del uso del lenguaje. En mi opinión no hay en la lengua española un autor que adjetive con la perfección que lo hace Borges. Al elegir el adjetivo ‘unánime’ para describir ‘noche’, un sustantivo que cuenta con infinitos calificativos, el escritor argentino concede una dimensión inédita y definitivamente mágica a algo que nos parece tan común que lo vemos con los ojos de la costumbre y aun del hastío. En Borges la noche recupera su condición de potencia ancestral, primigenia.

 

Mensajes de texto
“Guardo con especial cariño un saco de tweed que adquirí en una tienda de segunda mano en Berkeley, California. Es importante porque lo compré justo el día en que presenté mi proyecto narrativo El hombre de tweed en inglés en el campus Oakland del California College of the Arts. Para mí resultó sumamente simbólico vestir la tela que caracteriza a mi personaje en un evento dedicado a este. Poco después escribí: ‘Usar un saco de tweed es recomendable para salir de cacería. La escritura, esa caza incesante de palabras, encontró su tela idónea.’ Y también: ‘Tweed. Cada historia es un tejido hecho de pequeños relámpagos entrelazados. La ficción es un lugar al que se acerca una tormenta’.”

 

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Enigmas to be Solved
“I started to write when I was nine years old (I am fifty-one now). My early texts were pastiches or flagrant copies of the Agatha Christie novels my mother gave me to read: to them I owe a vast, enduring passion for detective stories and mysteries. Over time, of course, I have explored many other paths as a reader but my fascination for the mechanisms of detective fiction remains intact. One might say that the greatest influences on my literary work are the creation of suspense and enigmas to be solved, something I share with David Lynch, a filmmaker who has meant so much to my work as a writer. I concur with what Lynch points out in an interview accompanying the screenplay for his extraordinary film Lost Highway (1997): ‘That there is more going on than meets the eye is a huge thrill… I think fragments of things are pretty interesting. You can dream the rest. Then you are a participant. We know that things are going on. Not in every house, but enough. Things that we can’t even imagine are going on… I learned that just beneath the surface there’s another world, and still different worlds as you dig deeper. I knew it as a kid, but I couldn’t find the proof. It was just a feeling’.

 

Essential Words
“Ficciones (1944) by Jorge Luis Borges (a book); Betrayal (1978) by Harold Pinter (a play); Glengarry Glen Ross (1992) by David Mamet (a screenplay based on his own work for the stage) are all notable for their use of words and language. Choosing favourite writers is a titanic endeavour: year after year my list grows as I allow myself to be dazzled by new discoveries. In strict alphabetical order, here are ten authors I identify with completely: Jorge Luis Borges, Dino Buzzati, Italo Calvino, Julio Cortázar, Fleur Jaeggy, Franz Kafka, Clarice Lispector, Haruki Murakami, Yoko Ogawa, and WG Sebald. I ought to add Walter Benjamin, whom I find essential as a figure: both his philosophical system and his writing praxis, based on fragmentation and a lyrical substrate respectively, have marked me deeply.

 

Lives of Others, Life of My Own
“I am currently working on two literary projects that I am excited about: one is a book of poetic prose inspired by the lonely women of Edward Hopper, who is not only one of my favourite artists but has also had an enormous influence on my writing. In 2001, I published in Spain La Penumbra Inconveniente (An Inconvenient Darkness), a novel structured as a collection of short stories that draws on Hopper’s pictorial oeuvre as a detonator of characters and atmospheres. The other is a book of brief short stories under the working title Vidas Ajenas (Lives of Others) that I began to write on Instagram in 2017 with the intention of recovering and reinventing the possible stories contained (or hidden?) within the old postcards and photographs I have been collecting for nearly two decades.

“Since I started using it in 2010, social media has acted as a new kind of typewriter: for me, that is its main function. Facebook, Twitter, and Instagram, the platforms I know (and at this stage of the game, I don’t believe I will delve into any more: I’ve had enough), have helped me advance writing projects that might not have evolved otherwise. On Facebook, I was able to outline a book of poetry that I have not yet published. On Twitter, I developed a narrative project that involves two characters, The Man in Tweed and the Woman of M., the male and female hemispheres of the same universe; today this project, globally titled The Man in Tweed, consists of over five hundred pages that include the novel in and of itself (divided into four parts: I still need to write the fourth and final part), a brief novel with the Woman of M. as the protagonist, and the journals or diaries of both characters. On Instagram, in addition to Lives of Others, I have decided to open up a section called Vida Propia (Life of My Own) in which I am sharing texts and images about books, cinema, art, and my personal life; I would like to avoid at all costs the banality and narcissism that characterise a platform overpopulated by selfies to offer, or so I hope, quality cultural content that awakens the interest of the attentive and sensitive reader.

 

Something of the Spiderweb
“I have always believed that my relationship to the written word is, first and foremost, instinctive. Since I write fiction and poetry, I let myself be carried away by the dictates of language. As far as the essay is concerned, I proceed slightly differently, given that it is a genre that implies the precise exposition and exploration of a set of ideas, although in this case I also rely heavily on instinct and above all, on having a nose for the literary.

“To illustrate the ‘pulverization of reality’ taken on by Lucretius in De rerum natura, Italo Calvino refers among other images to ‘the spiderwebs that wrap themselves around us without our noticing them as we walk along’. I would like to think that my words come from the unease produced by those cobwebs that ‘wrap themselves around us without our noticing them’; that what I write especially in the realm of fiction is due to a vague intuition of something that hangs behind what is narrated, at the margins of language, in the zone reserved for the darkness where spiders weave in silence. In Spanish, the word ‘text’ is related to the word ‘weave’ or ‘tejido’, so I would like to imagine that there is necessarily something of the spiderweb in my writing.

 

A Sonorous Quality
“I recall something said by Franz Kafka, whom I consider to be the most important narrator of the 20th century: ‘Every word first looks around in every direction before letting itself be written down by me’. Just as words show caution before allowing the writer to use them, I am also cautious at the moment I choose the words I would like to put into writing. I pay a lot of attention to the appearance of words but also to their sound, which I find fundamental: there are few things as sad as a flat text, barren of music and sonorous bas-relief. Reading is another way of appreciating the musicality of words that may produce sonatas or symphonies, depending on the capacity of the writer to order them on a page. A single word may look nice, and yet lack musical enchantment: in that case, I prefer to seek another with a sonorous quality that leaves me more satisfied.

 

From the Faraway, Nearby
“Today, we suffer an overdose of words: never in the history of humanity have we written and spoken as much as we do now, which is due of course to the interruption of the Internet into our lives, which facilitates communication but at the same time, a lack of communication. The quantity of words that second by second, 24/7 are poured into social media is overwhelming and can cause vertigo: one feels, indeed, trapped by a language that has been weaponised and is often lethal. Every day I wonder whether we are truly more informed and connected than we were in the past, or whether this is merely a technological mirage that will vanish at any moment. I can still recall, not without a certain nostalgia, an era in which contact with others was achieved through letters and postcards; it seems to me that the word as a tool of communication carried more weight then than it does today, since one thought a bit more about what one wanted to say to an interlocutor who was far away, and who would take days or weeks to respond. The term conceptualised by the painter Georgia O’Keeffe, ‘from the faraway, nearby’, has taken on a disturbing and paradoxical reality thanks to technology: we have grown closer to those who are far away (people whom we often meet only through social media) at the cost of distancing ourselves from those whom we have close by. In this era, in which we live captive to an excess of vain, useless words, literature plays a valuable role of liberation and liberty that we as writers have a responsibility to cultivate.

“Words are living entities: if they were dead, they would be unable to leap from one text to another, from one writer to another, from one era in history to another in order to spawn new surprises, new fantasies, new wonders. The same word used by different authors takes on different lives. That is why we have to nurture words: because they are alive, and hence, suffer when mistreated.

 

Syntactic Twists
“The differences between the Spanish spoken/written in Mexico and Spain can be abysmal. There are syntactic twists, and above all colloquialisms that are used in one country but not the other and hence are not at all easy to understand on both sides of the Atlantic. I find it complicated to explain these differences to an English-speaking reader, but one example should suffice: in the Spanish spoken in Spain, the plural second person relies on the pronoun ‘vosotros’, which sounds archaic or excessively formal in Mexican Spanish, where we use the pronoun ‘ustedes’. On the other hand, with regards to the treatment of third persons, formality makes its presence known in Mexican Spanish (‘¿Me puede decir qué hora tiene, por favor?’ or ‘Could you please give me the time of day, sir?’) but is absent in the Spanish of Spain, where that same treatment is more direct, and at times verges on being perceived as abrupt but not actually offensive. As far as speech is concerned, in Spain you have the so-called ‘ceceo’, a phonetic phenomenon that implies pronouncing the letter ‘s’ with a sound similar to that of the letters ‘z’ and ‘c’ (the latter, when it is placed before the letters ‘e’/ ‘I’). As I have already said, it can be an arduous task explaining such matters to a reader who is not a Spanish speaker. There are certain complications preventing Mexicans and Spaniards from understanding each other one hundred percent, but in the end, we write and speak the same language, and any obstacles that exist may be surpassed as long as good will and patience prevail.

“Regarding the big differences between Spanish and English, I will settle for mentioning two: the use of adjectives, and concise language. In English adjectives always go before a noun and hence cause no problem even when the writer indulges in a certain degree of exaggeration; in Spanish, one must be very careful with them in order to avoid asphyxiating a text. English is a far more concise and indeed precise language than Spanish; the proof lies in the fact that a translation from English into Spanish will contain approximately twenty percent more text than the original. The first time I wrote directly in English was in 2003, and only then was I able to experience the concision I am referring to. It was a very stimulating experience, and one that I have been able to repeat on several occasions. Writing in a language different than the one you were born into allows you to change and expand your mental structure and find new ways to express yourself.

 

Literary Talismans
“‘Not to find one’s way around a city does not mean much. But to lose one’s way in a city, as one loses one’s way in a forest, requires some schooling.’ These are the opening words of Berlin Childhood around 1900, a book by Walter Benjamin that was published posthumously by his friend Theodor W Adorno in 1950. Ever since I read them for the first time, these phrases have become one of my preferred literary talismans: to me, they synthesise with great clarity what it means to delve into a city and even an unknown geography with no guides other than wonder and the desire to lose ourselves in another way in another place, one that in the end will form part of our personal map.

“‘No one saw him disembark into the unanimous night.’ This is the first phrase of The Circular Ruins, a short story by Jorge Luis Borges included in his book Ficciones, which I have already mentioned as a noteworthy example of the use of language. In my opinion, there is no other author in Spanish who uses adjectives with the same level of perfection as Borges. By choosing the adjective unanimous to describe the night, a noun that possesses infinite qualifiers, the Argentinean writer concedes an unprecedented and indisputably magical dimension to something we find so common that we see it with eyes that are well accustomed and even fed up. In Borges, the night recovers its condition of ancestral, primordial potency.

 

Text Message
“This is a tweed jacket I acquired in a second-hand store in Berkeley, California. It’s important because I bought it the same day I presented my narrative project The Man in Tweed in English on the Oakland campus of the California College of the Arts. It was highly symbolic to me, wearing the fabric that symbolises my character in an event dedicated to him. Soon afterwards, I wrote: ‘Wearing a tweed jacket is recommended if one goes out hunting. Writing, that incessant hunt for words, has found its ideal fabric’. And also: ‘Tweed. Every history is a fabric woven with small intertwining bolts of lightning. Fiction is a place approached by a storm’.”

Translator: Tanya Huntington
Tanya Huntington (USA, 1969) is a bi-national writer and artist. She is a member of the National System of Creative Artists of the National Fund for Culture and the Arts (FONCA) during the 2018-2021 cycle, and Managing Editor of the digital magazine Literal: Latin American voices. Tanya is the author of Solastalgia (Almadía / Universidad Autónoma de Aguascalientes, 2018), Martín Luis Guzmán: Entre el águila y la serpiente (Tusquets, 2015), A Dozen Sonnets for Different Lovers / Docena de sonetos para amantes distintos (Ediciones Acapulco, 2015), and Return / El regreso (Motín Poeta, 2009). She holds a Ph.D in Latin American literature from the University of Maryland at College Park, and currently teaches at CENTRO in Mexico City. She has also co-produced and contributed to public radio and television programs dedicated to culture and the arts, such as PuntoDoc for tvUNAM El Letrero and ReVerso for Canal 22 or Lo Sonado for Radio Horizonte. Her artwork has been exhibited in the United States and Mexico, and selected by prestigious venues such as the FEMSA Biennial. She has contributed to Comment Is Free for The Guardian, the Laberinto section of the newspaper Milenio, the Cultura section of La Razón, and the magazines Casa del Tiempo, Cold Mountain Review, Desbandada, df, Diario de Cuba, Este País, La Gaceta del FCE, Hoja por hoja, El Huevo, Letras Libres, Literal: Voces latinoamericanas, Metrópolis, National Geographic Traveler, Nexos, Otros diálogos, Periódico de Poesía, Sin Embargo, and Transtierros, among others. Follow her on Twitter @TanyaHuntington

 

Mauricio Montiel Figueiras’ portrait by Christopher Brown